Loading...

SILVINA GVIRTZ – PODEMOS EVALUAR DESDE NUEVOS PARADIGMAS

Home / SILVINA GVIRTZ – PODEMOS EVALUAR DESDE NUEVOS PARADIGMAS

 

SILVINA GVIRTZ – PODEMOS EVALUAR DESDE NUEVOS PARADIGMAS

En su despacho de la Secretaría de Ciencia y Tecnología y políticas Educativas de La Matanza nos recibió muy amablemente la doctora Silvina Gvirtz, personalidad destacadísima y referente ineludible en los temas educativos más sensibles. En esta oportunidad Revista COLEGIO dialogó con ella para conocer su opinión sobre “la evaluación” y qué matices pueden tener en cuenta alumnos, padres, docentes y directivos ante un proceso evaluativo.  

Silvina Gvirtz nació en la Ciudad de Buenos Aires. Pedagoga y referente ineludible en los temas más importantes en el debate de la mejora educativa, nos recibió muy gentilmente en su despacho en la Secretaria de Ciencia y Tecnología de políticas educativas del Municipio de La Matanza.

Desarrollamos con ella una intensa charla entorno de uno de los temas que más nos ha interesado profundizar… la evaluación.

-¿Qué es la evaluación? ¿Para qué evaluamos?

-Creo que tenemos que entender que todo el tiempo estamos evaluando, consciente o inconscientemente pero, además, estamos evaluando distintos tipos de acciones y de situaciones. Lo importante a la hora de definir cómo evaluar o qué evaluar es entender lo esencial, es decir para qué quiero evaluar y hacer consciente esta primera pregunta que le da sentido de la evaluación.

-¿Qué es la Evaluación “Diagnóstica”?

-En educación existe la evaluación individual de los alumnos que se sucede a lo largo de todo el año. Esta evaluación tiene por un lado una evaluación diagnóstica que lo que hace es permitirle al docente ver el punto de partida de la enseñanza. Entonces muchas veces una evaluación diagnóstica puede no tener nota, porque en realidad no está evaluando al alumno, el sentido no es ponerle una nota a ver si hizo bien o mal lo que tenía que hacer sino que sirve como punto de partida para poder enseñar mejor.

-La evaluación debe mostrar el progreso del alumno entonces…

-Claro. Después hay una evaluación de progreso, que mide el punto de partida del chico con la evaluación diagnóstica y cuánto avanzó a partir de lo que enseñó el docente. Y ese progreso es muy importante de analizar, porque mirar el progreso es clave. Por ejemplo, si un chico por alguna situación en particular no fue al Nivel Inicial, cuando entre al Primer Grado va a entrar en condiciones diferentes que un chico que sí hizo el Nivel Inicial. Entonces lo que vas a poder pedirle a ese chico que no hizo el Nivel Inicial no es lo mismo que le vas a poder pedir al que sí tuvo Nivel Inicial. Lo que vas a tener es que medir es el progreso de uno y otro pero no comparados entre sí, ¿se entiende? sino cómo empezó y cómo va siguiendo el proceso. Entonces esta evaluación es importantísima porque sino evaluamos resultados sobre algo que nunca se enseñó, por ejemplo, sobre algo que el chico nunca puede aprender porque no tenía la base para aprenderlo.

El logro de un docente es que el estudiante aprenda. La enseñanza es necesaria para que los estudiantes aprendan, pero el objetivo del docente es que el estudiante aprenda, no enseñar y no me importa cómo le fue. No es dar una clase “magistral”, sino que el estudiante aprenda, y para eso tiene que saber cuáles son los contenidos principales que tiene que enseñar, cuál es el punto de partida del estudiante, qué tiempos tiene para enseñar, que los chicos aprendan lo que tienen que aprender, qué estrategias va a utilizar para eso.

-¿A qué se denominan Evaluaciones “sumativas”?

-Después tenemos las famosas evaluaciones formativas y sumativas. En realidad son análisis teóricos porque ninguna sumativa debería no ser formativa pero son las que ponen la nota final. En realidad esa evaluación debería permitirle al docente ver cómo va a seguir enseñando, debería permitirle al alumno ver dónde tiene que reforzar sus aprendizajes, dónde está parado y todo el tiempo la evaluación tiene que ser un punto de llegada y un punto de partida para poder mejorar lo que hay que mejorar. Y la evaluación es continua porque siempre tenemos para mejorar.

-¿Para qué sirven las Evaluaciones institucionales?

-Por un lado hablamos de evaluación de los aprendizajes, pero también hay evaluaciones institucionales en las escuelas. Por ejemplo las que miran el rendimiento interno en la escuela, cómo se observan los aprendizajes, cómo se tienen en cuenta las condiciones necesarias para que se desarrolle bien el proceso de aprendizaje en esa escuela. Puede haber una autoevaluación institucional: por ejemplo una institución tiene ausentismo, entonces evalúan que hay un ausentismo mayor al promedio. El director a partir de esa evaluación al ver que tiene un porcentaje de ausentismo con el que no está satisfecho ni él ni su equipo docente puede decir: vamos a hacer estrategias para bajar la tasa de ausentismo y entonces reúne a los padres en talleres para explicar el valor de la asistencia a la escuela, se reúne con los docentes para ver en qué caso específico hay estudiantes con problemas, o por qué motivo tienen enfermedades que hacen que falten a la escuela. Eso es una evaluación institucional.

Después la evaluación institucional puede tener que ver con si repiten muchos o pocos chicos, si aprenden bien o no aprenden matemáticas. Todos tenemos de algún modo en nuestras instituciones, en los lugares donde trabajamos, algún modo de evaluar. Lo que es bueno es sistematizarlo, ponerlo sobre la mesa, consensuarlo, plantearlo.

-Hablemos de la evaluación del sistema educativo…

-Y después tenemos la evaluación de los sistemas educativos, que es un tercer tipo de evaluación, que no tiene que ver solo con la calidad de los aprendizajes sino que un sistema se evalúa también por el rendimiento interno, la tasa de escolarización, la tasa de matriculación, la de repitencia, la de graduación, es decir,  hay muchos indicadores que hacen a la evaluación de un sistema educativo así como muchos indicadores se necesitan para hacer una evaluación o una autoevaluación institucional. A veces el problema es que se hacen sin criterios establecidos ni consensuados o se hacen con algún prejuicio o con alguna tendencia.

-¿En esta categoría son parámetro las pruebas PISA?

-Yo hablé de tres dimensiones de los sistemas educativos: rendimiento interno, aprendizajes y condiciones necesarias. Por ejemplo un sistema educativo necesita una infraestructura adecuada, tener herramientas didácticas, capacitación docente, condiciones de trabajo dignas para los docentes, etc. ¿Por qué?. Porque los docentes no son magos…

Pero en referencia a las PISA, las pruebas que toman los sistemas educativos nacionales o las pruebas de la UNESCO son pruebas que miden y te presentan modos de mirar los aprendizajes.  Y todo eso hay que mirarlo cuidadosamente.  ¿Por qué? les doy un ejemplo: si yo tengo un sistema educativo en donde tengo 10 millones de estudiantes entre 12 y 17 años, o sea en edad de ir a la secundaria, pero de esos 10 millones de estudiantes solo va un millón a la secundaria y ese millón justamente es el más rico, ese millón probablemente saque buenas notas en las pruebas PISA porque las pruebas PISA solo te mide los chicos escolarizados. Ahora, ¿tendríamos un buen país si dejásemos 9 millones de chicos afuera del sistema? ¿Es un país democrático, es el país que queremos? Claramente no.

Por eso, siempre que uno mira pruebas de calidad tiene que mirar la tasa de escolarización porque si uno no mira la tasa de escolarización te puede dar que un país sea maravilloso en sus resultados porque excluye a la mayoría del sistema, porque estas pruebas solo te miden los chicos escolarizados.

-Evaluar ¿sigue provocando estrés y en muchos casos miedo?

-Creo que si a nivel de los estudiantes tienen en claro para qué van a ser evaluados en general pierden ese miedo o ese estrés.  Por ejemplo, en una evaluación diagnóstica, ¿es necesario que el chico estudie o lo que queremos es saber qué sabe sobre un tema determinado?. Y Por qué no le podemos explicar al chico que va a ser una evaluación diagnóstica para el docente más que para él? Segunda pregunta, ¿tiene que ir con nota una evaluación diagnóstica? Por qué habría que crearle un estrés poniéndole una nota sobre algo que le sirve más al docente. Él puede medir a partir de que tiene al alumno como alumno.  Por otro lado, la evaluación tiene que venir a partir de un proceso de enseñanza – aprendizaje, nunca puede estar separada del sentido de la evaluación en general. Nosotros como educadores tenemos que educar y después tenemos que evaluar para ver si conseguimos nuestros objetivos. Pero no es la evaluación por sí misma porque si lo primero que se prioriza es la evaluación lo que nos pasa es que perdemos el foco que nosotros somos educadores y que evaluamos para ver cómo mejoramos como educadores, para ver si el alumno aprende.

El punto a veces con la evaluación es cuando la evaluación aparece como un objeto prioritario, aislado de todo el resto del proceso educativo, y la evaluación es una parte del proceso educativo, ni es todo, ni siquiera se si es lo más importante, claramente tiene que suceder porque nos sirve para ver si el alumno aprende.

-¿Podemos hablar de un nuevo paradigma a la hora de evaluar?

-En el libro “El ABC de la tarea docente, currículum y enseñanza”, que escribí hace casi veinte años, pongo el caso de dos profesoras en la misma situación de tomar una prueba de evaluación. Una entra y le dice a los chicos saquen una hoja, tienen que hacer estos ejercicios de geografía, los chicos le dicen a la profe usted no nos dijo que estudiemos, pero, dice la profesora, ustedes tienen que estudiar siempre, son un desastre, unos burros vuelve y todos desaprobaron.

La otra situación es una profesora que dice hola chicos saquen una hoja, eh profe usted no nos dijo que estudiemos, no se preocupen, yo necesito saber qué aprendieron ustedes de las clases anteriores, es para saber dónde están parados. El 90% también reprueba, igual que con la profesora anterior. Pero esta vuelve y dice chicos me doy cuenta que si la mayoría de ustedes reprueba es porque tenemos que volver a trabajar estos temas.  Y vuelve a trabajar los temas que no habían visto. Es otro paradigma, ahora las dos evaluaron. Entonces el problema es en qué paradigma de la evaluación uno se ubica. Si en la evaluación sancionatoria o la evaluación para la mejora.

Creo que los libros más recientes sobre evaluación trabajan sobre esta línea de evaluación para la mejora. Claramente ahora es algo que se puede ver o en el trabajo en equipo con el director, el director tiene un rol fundamental en el trabajo de qué evaluar, cómo evaluar, y también los docentes cuando hacen actualizaciones o cursos de capacitación. Sin embargo sigue habiendo problemas. Por eso vuelvo al punto de inicio que es el sentido de la evaluación y cómo la evaluación se enmarca en el proceso educativo general. La evaluación en sí misma no es ni buena ni mala, ni sirve ni deja de servir. Tiene que estar inmersa, enmarcada en un proceso de enseñanza – aprendizaje, puede ser a nivel escolar, a nivel individual, a nivel de los sistemas, que permita la mejora, que permita que los chicos cada vez estén mejor, que permita ver dónde están los problemas, y que permita que el chico sepa dónde está parado y que el docente sepa cómo seguir. Hay también pruebas a libro abierto, pero siempre es bueno que el estudiante sepa qué se va a esperar de él en la medida de lo posible. El alumno tiene mucho para decir y además tiene que mirar su evaluación para ver cómo mejora él mismo porque aunque la evaluación se la tome una profesora hay una parte en donde él tiene que internalizar qué temas tiene que mejorar. Ahora si él se siente ajeno, externo, un objeto, entonces no lo va a hacer.

-¿Se está evaluando la capacidad de conectar o indagar?

-La evaluación es mucho más que una prueba. Uno puede evaluar mirando un cuaderno, mirando la carpeta, mirando la participación en clase, mirando un producto que haya hecho un estudiante, un video por ejemplo. La evaluación es mucho más que la prueba escrita o la prueba oral. Entonces, si la evaluación es un instrumento para mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje, uno tiene que considerar todas estas instancias de evaluación, establecer criterios e ir viendo cómo va a hacer para mejorar el aprendizaje de los estudiantes. Pero evaluar no es necesariamente tomar pruebas. Por ejemplo, se puede armar un portfolio para evaluar. Entonces lo que se mira a partir de ejercicios y de todo lo que el estudiante sistematiza, es el progreso desde el primer día de clase hasta el final de ese seminario, taller o materia. Entonces tenés una evaluación menos tradicional pero muy útil porque ahí queda claramente establecido que es para ver cómo el estudiante mejora, lo que estás evaluando ahí es el proceso de aprendizaje. A no todos les gusta levantar la mano en clase, ni todos se animan, entonces uno tiene que ir buscando herramientas o instrumentos diferentes. Pero la pregunta que yo me tengo que hacer como docente es qué prueba yo me tengo que hacer para entender dónde se equivocó y cómo trabajar con el estudiante el error. Y esto es clave en todo lo que son los procesos de evaluación. Lo que siempre tiene que ser claro es cómo se va a evaluar, los criterios tienen que ser transparentes, compartidos. En general tiene que haber un trabajo coordinado en la escuela entre sus actores.

-¿Cuál es su opinión de las pruebas APRENDER?

-Desde la década del 90 viene habiendo procesos de evaluación del sistema educativo argentino y está bien que las haya. Esas evaluaciones nos tienen que servir para definir políticas educativas, a nivel provincial y a nivel nacional.

En el caso específico de las pruebas APRENDER creo que tuvieron el problema de que no combinaban preguntas de respuesta abierta y de respuesta cerrada, eran todas de respuesta cerrada y para los que somos especialistas en la materia sabemos que los ítems de respuestas cerradas te permiten evaluar ciertos conocimientos y no otros. Por ejemplo no podés medir la capacidad de producción escrita, no se puede medir dónde se equivocó el alumno en un problema, si razonó bien o se equivocó en la última multiplicación. Entonces en general lo que se hace en todas partes, y lo que vería con buenos ojos, es que incluyan ítems de respuesta abierta. El problema es que los ítems de respuesta abierta son más difícil de corregir, cosa que es cierto pero que siempre se incluyeron y hasta las pruebas PISA incluyen ítems de respuesta abierta, que finalmente tienen que poder incluirse si lo que quieren las pruebas APRENDER es definir políticas para la mejora. Y que lo que ahora quedaría por ver es cuáles son esas políticas para la mejora que va a definir el Ministerio o los Ministerios en función de los resultados de las pruebas. En general lo que yo sí veo, más allá de las pruebas APRENDER, es que no sería bien visto es que entonces si los resultados dieron mal, se atribuya el problema a los docentes que siempre terminan siendo el chivo expiatorio de las políticas educativas y de la sociedad, no revalorizamos al docente. El problema de  los buenos o malos resultados es mucho más complicado que echarle la culpa al docente. El docente es un actor más en ese sistema por eso dije tres dimensiones: rendimiento interno, aprendizaje y condiciones necesarias. Entonces si hay escuelas que atienden a hogares más vulnerables y no tienen libros, no tienen una biblioteca bien equipada no se pueden comparar con escuelas que atienden a sectores más pudientes. De hecho, cuando uno controla la variable socioeconómica el resultado de la escuela pública es igual al de la escuela privada. Creo que las pruebas tienen que generarse con criterios plurales, transparentes y públicos. Después de haber hecho las pruebas hay que definir políticas educativas que digan esto va a mejorar así entonces cuando se vuelvan a tomar las pruebas, se sabrá el resultado de esas políticas. Porque si no es bueno, yo te evalúo, te pongo una mala nota, ¿y entonces? Bueno ahora tengo que ver cómo te enseño mejor, cómo cada uno toma los datos para la mejora porque el tema pasa por sancionar, lo central es mejorar. Uno es buen docente no cuando sanciona al alumno sino cuando el alumno aprende.

-Y a tu criterio, ¿cuáles serían las políticas que se necesitarían?

-Creo que las políticas que se necesitarían salen de diagnósticos que van más allá de las pruebas APRENDER, mirando las tres dimensiones, lo que diría es que es clave aumentar la jornada educativa a ocho horas de clase, jornada completa en todas las escuelas de ambas gestiones. Llevar a ocho horas de clase por día a los chicos con contenidos interesantes, con tiempo de recreación, con más actividades deportivas, con más tiempo para los contenidos. Tenemos que hacer un trabajo muy fuerte para ir a jornada completa, lo que requiere una inversión presupuestaria acorde. Hay que revisar en el nivel secundario la organización curricular, el rol del preceptor por ejemplo: ¿tiene que seguir siendo como en el siglo XIX cuando iba a mirar la disciplina o puede cambiarse en vez de ser el que toma lista en este asesor pedagógico que tanto necesita un adolescente, el que lo guíe? ¿Necesitamos diez materias anuales o podemos buscar contenidos que tengan mucho más que ver con la alfabetización digital, la alfabetización científica, la comprensión profunda en lectoescritura con contenidos semestrales?.  Estas políticas tienen que ir acompañadas de una asignación presupuestaria de metas anualizadas, y entonces la sociedad va a poder evaluar y observar avances. Para mí la jornada completa es clave porque además eso te resuelve que los docentes pueden estar en una misma escuela, pero en secundaria te permite concentrar más horas, tener más tiempo, te permite que el docente no tenga que planificar o corregir en su casa, que tenga más horas institucionales de trabajo en el colegio. Otra externalidad positiva es que las mamás puedan ir a trabajar y volver y estar tranquilas que sus hijos están en el colegio. Hay un montón de razones por las cuales vale la pena aumentar las horas de clase. Otro tema es la política de libros. En países desarrollados el derecho a la educación implica garantizar también que los chicos todos los años tengan los libros con los que van a estudiar en cada materia, y ni siquiera biblioteca, estoy hablando de libros con modalidad de uno a uno que acá en Matanza es lo que hicimos desde hace dos años. Esto debería suceder en todo el país. Esos libros se tienen que entregar a principio de año. Me parece que estos son temas claves que tienen que ser básicos de la política educativa en todo el país.

-Uno de los grandes problemas no solo de la Argentina sino de la Región es la deserción escolar, ¿Cuál es tu análisis? ¿cómo ves a la Argentina en la Región?

-Creo que el problema de la deserción es un problema que tiene que ver con situaciones socioeconómicas difíciles, con una tradición de la escuela secundaria de querer seleccionar a los mejores para que vayan a la universidad. Esta secundaria así como está organizada se creó en el siglo XIX, el bachillerato para aquellos chicos que iban a la universidad y después la escuela normal que no tenía acceso a la universidad, la escuela comercial para formar lo que se llaman las burocracias intermedias del Estado. Ahora, del siglo XIX al XXI cambiaron muchas cosas y claramente la secundaria tiene que mejorar su organización interna, el rol del preceptor, tiene que mejorar las materias y los contenidos, eso ayudaría. Por otro lado cuando fui ministra de Educación en el 2012 hice una resolución, vigente, que dice que si un chico falta tres días seguidos la directora tiene que averiguar qué le está pasando y si a los cinco días no se pudo comunicar con la familia tiene que comunicarse con las autoridades para que manden personal competente a ver qué está pasando con ese chico. La deserción empieza con ausentismo .¿Y dónde se dan los mayores casos de repitencia? Donde hay mayor ausentismo. Entonces el ausentismo es un indicador que te pueden prevenir un montón de temas que después es difícil resolver porque cuando el chico falta mucho va a aprender menos. Todos los estudios nacionales e internacionales te muestran que cuanto más tiempo de exposición tiene el chico con el docente, mejor resultado tiene en las evaluaciones. Entonces el docente es clave, como también trabajar el presentismo desde el Nivel Inicial. Es muy importante que los chicos vayan al jardín!, mucha gente cree que solo juegan en el Nivel Inicial y los chicos aprenden muchísimo!

-¿Este sería el desafío más importante que tiene la educación secundaria en la Argentina, bajar los índices de deserción y hacer un sistema atractivo para los chicos?

-Creo que el sistema educativo secundario tiene varios desafíos, que los chicos terminen el secundario aprendiendo, tiene el desafío primero que terminen el secundario, tiene el desafío de aumentar la tasa de escolarización del 85 por ciento al 100 por ciento, y tiene la obligación el Estado de hacer eso porque desde la Ley Nacional de Educación la secundaria es obligatoria entonces si bien estamos como uno de los países con mayor tasa de escolarización, después hay que garantizar que los chicos se gradúen y aprendan. Siempre doy una definición de buena escuela que es muy extrapolable a buen sistema educativo, digo que una buena escuela es una escuela donde los chicos entran sin ser discriminados, es una escuela en donde promueven en tiempo y forma, aprenden contenidos significativos, disfrutan del conocimiento y lo aplican a otras situaciones y pueden seguir con éxito el paso siguiente en la enseñanza. Me parece que son varios los desafíos en educación en general y la secundaria creo que es el nivel con mayores complicaciones del sistema. Aunque también tenemos enormes desafíos en terciario y universidad que es mejorar la tasa de graduación, tenemos una muy buena tasa de ingreso pero una altísima tasa de abandono.

Nota: Marcelo Rivera

Producción: Carolina Stapcinkas y Esteban Tomeo

BIO

Silvina Gvirtz es Secretaria de Ciencia, Tecnología y Políticas Educativas de la Municipalidad de La Matanza. Es Doctora en Educación (Universidad de Buenos Aires); además, investigadora del Conicet y profesora titular de la Universidad de San Martín. Anteriormente fue Directora General Ejecutiva del Programa Conectar Igualdad, Directora General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires y Directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés. En el año 2003 fue designada fellow de la Fundación John Simon Guggenheim. Publicó 22 libros y numerosos trabajos en revistas internacionales.