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PEDRO BARCIA – EDUCAR ES VALORAR

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PEDRO BARCIA – EDUCAR ES VALORAR

Una de las personalidades más importantes de la cultura argentina es el Dr. Pedro Luis Barcia. Lingüista, profesor e investigador universitario y del CONICET, tuvimos el placer de compartir una charla con el actual presidente de la Academia Argentina de Educación en el auditorio de la USAL en Pilar, donde nos dejó sus reflexiones sobre la educación en valores.

La educación es un sistema de valores. Educar es valorar, ayudar a valorar, que el alumno crezca en su capacidad de valoración. El hombre y la mujer  viven eligiendo según su escala de valores. Lo importante es que la educación del alumno sea el motor de sus decisiones, que muchas veces no son racionales, pero que fluyen en la persona porque están incorporadas como un valor. Todos llevamos una escala de valores incorporada.

La capacidad de compresión de la lectura también es un valor que se adquiere a través de un proceso gradual. Si vamos a las estadísticas, nos vamos a sorprender,  ya que cuando los docentes tomamos una valoración de nuestros alumnos de los textos leídos nos damos cuenta de que la mayoría del nivel secundario, concurran a escuelas estatales o privadas, buenas o malas, no comprende lo que lee.

Enseñarles un valor es darle continuidad al sentido de lo humano, y serán sus valores incorporados lo que les permita tomar decisiones. Estamos desarrollando una capacidad comprensiva que es un valor, y se hace únicamente con el trabajo artesanal en clase. Primero, con textos muy breves, que pueden ser grafitis, y luego con textos más extensos o complejos.

La educación en valores no supone enseñar el valor tal o cual sino la circunstancia que se presenta y el alumno responde de acuerdo al valor incorporado. Supone una formación remota, que requiere tiempo previo.

Por ejemplo, el alumno, ¿tiene que ser respetuoso? Definamos entonces ¿qué significa RESPETO? En latín es mirar dos veces. Cuando usted mira dos veces se ubica mejor ante la realidad porque los chicos están acostumbrados al vistazo, al zapping, a la inmediatez de lo electrónico. El respeto significa la aplicación de la mirada una y otra vez, mirar una situación en contexto, para comparar, para situarse en la realidad y actuar en consecuencia. Esto es lo que más le cuesta a los chicos hoy día.

Hay que enseñarles sobre caliente, porque que un alumno pregunte algo interesado es una OPORTUNIDAD. No se puede desaprovechar como educadores el momento en que el alumno pregunta. Los contenidos se pueden revisar después, pero el momento del interés del alumno es el más fecundo. El chico llega al jardín y es preguntón porque es la edad y porque en su casa sus padres están muy ocupados. Entonces, la maestra jardinera le responde infinidad de preguntas por día, y está así generando una verdadera obra de arte, desarrollando un valor de cuestionamiento de la realidad que es el motor de la intelectualidad. Es por esto que el mejor nivel que tiene la educación argentina es el inicial.

Ese mismo alumno entra al primario y se le quita la pregunta y se pone en boca del docente, que dice: -cállese la boca Fulanito, acá el que pregunta soy yo-. Así no existen preguntas, ni cuestionamientos, ni incomodidades en el aula que puedan exhibir la incapacidad del docente para contestar. Porque la pregunta es desestabilizadora… y así el alumno no exhibe sus inquietudes y entra en una meseta que le impide preguntar lo que le interesa.

Y así llegan al Secundario, evitando sus interese y generando un clima de abulia general. Así los tomo en la universidad y no son conscientes de los valores que tienen y los contravalores que anidan. Porque en el alumno se da lo que yo llamo ´la cultura de la mochila´, en la cual reciben una educación que no le exalta ninguna virtud y le señala las incapacidades o los defectos que tienen, pero que no les permite investigar o profundizar en lo que realmente les interesa.

El proceso de descubrimiento de los propios valores es un proceso de inducción que comienza con los padres a través de su ejemplo, pero sería bueno que la escuela lo estimule en todos los niveles.

Howard Gardner, en su último libro, dice que el mundo tecnológico genera cuatro carencias en los chicos. La primera es la falta de autoconocimiento. No se dan tiempo para la intimidad, para bucear dentro de sí y analizarse. La segunda, al no tener vida íntima, no tienen identidad y cualquier suceso los sacude. Al tener identidad se defienden de lo que es ajeno y valoran lo que es propio. Al no tener intimidad no se conocen y al no conocerse no se valoran a sí mismos y menos pueden valorar o respetar a otro. Han perdido la atención. El valor intelectual de la atención es la mayor vulneración que sufre hoy el adolescente. La utilización dinámica de los medios tecnológicos hace que los chicos estén siempre haciendo zapping, y así saltan de un tema a otro. El chico vuela, nada y camina mediocremente, no hace ninguna cosa bien pero maneja un celular de última generación y la madre se cree que es un genio por eso! No, señora; simplemente tiene habilidad para manejar un celular y operar sus aplicaciones. Inteligente es el que sabe entender o leer lo que está detrás de la realidad, lo verbal, lo gestual, el sentido profundo de las cosas.

El valor de la atención es muy difícil de encarnar en el adolescente. Articular la lectura con la tecnología no es fácil. Nadie lee más de tres páginas en internet. Los chicos navegan, juegan, se entretienen, no leen. Una cosa es surfear y otra es bucear. Navegar la web es surfear. Bucear es conocer en profundidad.

El valor de la atención es básico para la educación; sin atención no hay estudio, investigación, no hay mundo del saber.

Ahora ¿cómo desarrollamos la educación en valores? Hay que distinguir tres planos. Primero, el de la realidad que tenemos por delante. Por ejemplo: un gol de Messi,  una canción de Ceratti, un cuento de Borges. Son todos bienes culturales y los estimamos porque descubrimos valores en ellos. Ahora, ¿en qué consiste la educación? en ayudar al alumno a que descubra, reconozca el valor, que advierta que esta realidad encarnada en un bien es estimable, y reconocido el valor como segunda instancia, que lo estime como tal.

¿Cómo se arma una clase? Valorando… Reconocer valores es un desafío de la educación. Hay que enseñar primero a dirigir la mirada con atención hacia un sitio. El proceso es llevar al alumno de ver a mirar y de mirar a contemplar.

El bien y la valoración deben ser trabajados en clase cuando ocasionalmente la situación se presente. El buen docente debe conjugar 3 “C”. Competente, porque si no conoce la materia el alumno lo desconoce, Coherente, porque si dice una cosa debe cumplirla, si no el alumno lo desprecia, y Comprometido con los valores.

Hay valores universales como la libertad, la defensa de la vida, la igualdad entre las personas, el derecho a la justicia, que son reconocidos por la Unesco.

También hay valores culturales, como la hospitalidad, que es un valor bien tradicional argentino que no se encuentra en países como Francia. Y también hay valores familiares, con los que las parejas se unen en matrimonio, e individuales, como los valores estéticos, por ejemplo, que mueren con cada individuo. El relativismo axiológico es una dictadura y es lo peor que nos dejó la posmodernidad. Por eso hay que respetar a las personas pero luchar por los valores compartidos, como los que integran la constitución.

La utopía es valorable cuando es alcanzable. El hombre es capaz de hacer un proyecto, es el único animal que le da sentido a su vida y lo carga de valores. El problema es que el adolescente no alcanza a descubrir el valor, aquello que rompe nuestra indiferencia.

El proceso es proponerle actividades al alumno para que rompa esa indiferencia en la que está instalado. Despertar en los alumnos el interés por los valores es una tarea gradual y a la vez una hermosa utopía de la educación.

Nota: Marcelo Rivera

DESTACADO:

Doce años trabajando en el ámbito académico, sin cobrar honorarios de las arcas oficiales. 4 años en la academia argentina de educación

“Mapa de sitios electrónicos confiables” trabajamos esta propuesta junto a dos bibliotecarias de nuestro equipo de colaboradores en la Academia, frente a la actitud del docente que lanza a sus alumnos a buscar algo en internet, en donde hay muchísima información: buena, regular y mucha porquería. Proponemos un índice de sitios confiables ordenadamente, donde trabajar contenidos educativos, para que docentes, bibliotecarios y alumnos puedan consultar lo que quieran.

“ideario sobre Sarmiento” es una colección para que todos los autores opinen sobre Domingo F. Sarmiento y que el lector tenga toda la gama de opiniones posibles. Toda la diversidad de voces conviven en este trabajo.

“Reflexiones sobre la formación docente” aquí radica la ciudadela de la educación, la clave de la revolución educativa.