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Pacho O’Donnell – LOS SENTIDOS DE LA HISTORIA

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El pasado 9 de julio se cumplieron doscientos años de la declaración de la independencia argentina. Sin embargo, lejos de ser un hecho aislado, el Congreso de Tucumán fue la consagración de un proceso que había comenzado algunos años antes con la Revolución de Mayo, y que estuvo atravesado por la discusión del proyecto de nación que se buscaba crear. Revista COLEGIO tuvo el agrado de conversar estos temas con Mario “Pacho” O’Donnell, médico, psicoanalista y escritor, apasionado por las corrientes de la Historia y una de las caras visibles del revisionismo histórico en nuestro país.

Para el autor, la historia nacional, popular e iberoamericana ofrece una historia “más verdadera” de los hechos, devolviendo a las figuras y los hechos históricos un sentido que la historia oficial ha mutilado, en su propio domicilio nos recibió para contestar nuestras inquietudes.

-Usted menciona en su obra otra declaración de independencia, la del Congreso de los Pueblos Libres que se realizó el 28 de junio de 1815,  en Concepción del Uruguay. ¿Por qué destaca esta asamblea presidida por Artigas?

-El 9 de julio de 1816 proclamaron su independencia la mitad de las provincias argentinas. Eso es importante decirlo porque es algo que ha pasado desapercibido. Lo cual en todo caso ya nos habla de una dificultad de conciliación: ¿qué pasó con todas las otras provincias que no fueron a Tucumán? La Banda Oriental, Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba (que sí mandó una delegación pequeña a Tucumán con un proyecto federalista que fue rechazado por el resto de los delegados), eran las provincias federales, las provincias que se llamaban a sí mismas de “los pueblos libres”. Estas provincias respondían a la conducción de José Gervasio Artigas, un personaje extraordinario de la historia latinoamericana, que uno podría poner a la par de San Martín y Bolívar. Los pueblos libres habían declarado la independencia (ahora le voy a matizar lo de “declarado”) el 29 de junio de 1815, es decir, un año y diez días antes de Tucumán, en lo que se llamó el “Congreso de Oriente” o “Congreso de los Pueblos Libres”, que se reunió en lo que hoy es la ciudad de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

Artigas lideró la confluencia de las provincias que abogaban por un país federal. Como fue una reunión mucho menos formal, con mucho menos abogados que la de Tucumán, y además como ya daban por sobreentendida la independencia a partir de los hechos de la Revolución de Mayo de 1810, no tuvo el protocolo de la reunión de Tucumán, con los brazos levantados y demás, sino que los delegados luego dieron fe, y tenemos constancia de esto, de que realmente habían declarado la independencia. Esto es de lo que habría que haber hablado el 9 de julio, y mostrar por qué de alguna manera ya existía esa grieta entre una proclamación o proyecto federal popular, tan claro como el de estas provincias, y un proyecto que no se definía demasiado en este sentido pero en el que estaba Buenos Aires, lo cual hacía imposible la concurrencia de las provincias federales, porque Buenos Aires está en franca oposición y muy pronto entrará en guerra contra esas provincias.

-¿Cuáles eran las diferencias fundamentales entre la asamblea del año 15 y la del 16?

-La diferencia fundamental es que la asamblea del año 15 tiene un proyecto federal, cosa que no lo tenía la asamblea del año 16. Eso es muy claro. Por otro parte, había en el congreso de los pueblos libres un espíritu mucho más popular; es decir, había menos abogados, y más charrúas, había guaraníes, había criollos, gauchos, en fin: era una convocatoria más rural que urbana. Pero es claro que había una especie de pulsión independentista ya varios años después de 1810, que se dio en todo el país. Por lo que también se trata de dos asambleas en algún sentido complementarias.

-¿Por qué cree que no se habla de esto?

-La historia la escribieron los unitarios liberales. Y tuvieron la gran inteligencia de entender que la historia es un aparato ideológico del estado muy importante, al mismo tiempo que creaban el ejército nacional para ocupar, un ejército de ocupación prácticamente porque la mayoría de las provincias estaban gobernadas por federales. Pero además la escribieron sabiendo que la historia es algo así como una especie de imaginario colectivo que sirve para justificar sus intereses. Lo hicieron como un proyecto ideológico-político, lo que le convenía lo escribieron y lo que no le convenía lo escribieron en letra chiquitita, o no lo escribieron. Por eso cuando celebramos el 9 de julio la verdad histórica debería haber dicho que en rigor fue la mitad del país a la asamblea. Estas diferencias marcaban una brecha que se continuó hasta nuestros días. Si usted quiere interpretar la historia argentina la tiene que interpretar en función del conflicto entre los intereses dominantes y los intereses populares.

-Usted forma parte de un movimiento revisionista. ¿Qué cree que podría aportar el -revisionismo histórico a la enseñanza de la historia en los colegios?

-Se puede aportar una historia más verdadera. Y por eso una historia más atractiva. La historia argentina es fascinante. Pero si la cuenta bien. Mejor dicho, si cuenta lo que hay contar. Es decir, a veces me dicen “bueno, pero los maestros y profesores enseñan bien”. Y seguro que enseñan muy bien, pero el problema está en lo que enseñan, no en cómo lo enseñan. Yo le diría que el revisionismo ha ido ganando más la calle, y menos las estructuras formales de la Historia.

-Ha llegado mucho más al gran público…

-Claro. El público lee nuestros libros, sigue nuestros programas, nos conoce y nos reconoce. La historia liberal, la historia conservadora, sigue manteniendo las estructuras formales, aunque ahora un poco menos. Pero si nosotros tenemos la calle, ellos tienen las universidades, las academias, las becas, los viajes, los subsidios, los grants, todo eso. O sea que ahí no hemos podido competir todavía. Y en cuanto a mejoras de la currícula, también, ha habido cambios lentos pero progresivos, sobre todo provocados de abajo hacia arriba, en el sentido de que es difícil para un profesor de historia decir que Rosas era un tirano sangriento. Creo que alguien le va a decir “no, espere, vamos a ver si es cierto”. Hay cosas que ya los mismos profesores o incluso los mismos alumnos cuestionan porque han tenido acceso a otras fuentes de información. Y lo sienten más verdadero porque son programas más interesantes. La historia oficial, por sus mutilaciones y demás, tiene que padecer ser vista como una materia aburrida por los chicos. Hacer de la historia una materia aburrida ha requerido mucho esfuerzo, mucha inteligencia, mucha dedicación, realmente. Es hacer de la historia fechas, nombres, no relacionar una cosa con otra… Dar como si las cosas se originaran todas por sí mismas.

-¿El revisionismo tiene el interés de los jóvenes?

-Sí. En este momento el revisionismo se mantiene fundamentalmente por el interés de los jóvenes, y también por el interés que se da en las provincias. Conectan mucho a través de Internet y la televisión, gracias a lo cual el revisionismo ha avanzado mucho. Hay programas, como Felipe Pigna (si bien él no se reconoce abiertamente como revisionista, cosa que siempre le discuto) o mis programas, y algunos otros que hay por ahí, que son muy interesantes para entender. Por otra parte, los defensores de la historia oficial son muy aburridos. Tienen poca dinámica. Y por los sistemas de realidad capillista que se establecen en todas las especialidades, cuando escriben o cuando hablan lo hacen al colega. Entonces suelen ser textos muy difíciles de leer para el público no especializado. Han perdido la valorización de la divulgación.

-¿Por qué se da este interés creciente en las provincias?

-En las provincias se nota un hartazgo de explicarse a sí mismas por la historia porteñista. Entonces hay bastante movimiento y recuperación, por ejemplo en Corrientes y en Misiones hay una muy fuerte recuperación de Andresito, gobernador correntino guaraní, hombre de Artigas. Un hombre muy interesante. Un gobernador de pueblos originarios, que de alguna manera representaba a todos los pueblos originarios que seguían a Artigas. También la gran reivindicación de Juan Bautista Bustos en Córdoba, quien fue un caudillo federal extraordinario y que había sido totalmente apagado por Paz. Güemes es un caso interesante para hablar de revisionismo. Una figura que fue asesinada por la oligarquía salteña, cosa que la historia oficial no cuenta. ¿Hasta qué punto se lo reconoce a Güemes, que fue un gran jefe popular y por lo tanto con muchas dificultades para entrar en nuestra historia? ¿Cómo lo dejan entrar a Güemes en la historia? Ha sido un gaucho valiente que defendió la frontera norte. Más allá de eso, no se sabe nada de Güemes. Lo que no nos cuentan es que fue un jefe popular que cuando gobernó Salta reconoció los derechos indígenas, hizo reforma agraria, congeló los precios, en fin… gobernó para los sectores populares. Es importante ver qué versión se da.

-Sugiere un recorte interesado de las figuras y los hechos históricos. ¿También se evidencia en personajes clave como San Martín?

-Fíjese usted, ¿qué sabemos de San Martín? Que cruzó los andes, que libró algunas batallas, y nada más. Si usted está muy enterado por ahí sabe que le dictó unas máximas a sus nietitas. A San Martín le mutilaron el pensamiento. Porque si usted no sabe qué pensaba San Martín es difícil entender por qué se tiene que ir del país en 1824 y muere, 26 años después, fuera de su patria. ¿Sabe cuánto tardan para traer los restos de San Martín? 30 años. San Martín era un tipo odiado en Buenos Aires. Decían que era loco, borracho, opiómano, corrupto. Porque San Martín era un tipo próximo al federalismo. Apoyó a Rosas. O sea que era un tipo  indigesto para Buenos Aires. Pero eso no lo cuentan. San Martín tenía ideas. Cuando se junta con Bolívar en Guayaquil lo hace para pensar cómo hacer para que América no caiga, una vez liberada de España, en poder de los nuevos imperios, de los lobos que estaban esperando. Lo que pasa es que las batallas se dan también en el manejo del lenguaje y de los significados.

-¿Cómo ve la educación en Argentina hoy?

-Yo le puedo hablar acerca de la historia. De que lo que se enseña hay que mejorarlo. Y no es casual, porque la historia tiene un contenido político, un contenido ideológico muy importante. Por esto mismo que estamos hablando. No contarnos quién fue realmente San Martín es una decisión política. Lo que sucede es que nos quieren enseñar que la historia que siempre se contó, la historia liberal, reaccionaria, es la historia natural. Creo que la historia que se enseña nos priva de entender bien qué nos pasa todos los días. Yo el mejor elogio que recibí fue una vez en la cola de un banco cuando alguien me dijo “gracias a usted puedo leer mejor los diarios todas las mañanas”. Me pareció un buen elogio. Si entendemos por cada hecho histórico con qué se relaciona y de dónde viene, qué es lo que provoca… Le digo un ejemplo tonto: el color de la bandera. El otro día me preguntaron en un programa qué sentía al ver la escarapela argentina. Y en primera instancia, le dije, siento que estoy viendo una bandera española.

-¿Una bandera española?

-A partir de la Revolución de Mayo, existía una decisión en Buenos Aires de esconder el hecho de que había una intención independentista. Belgrano se hace cargo del ejército del norte. Está subiendo y sabe que se va a enfrentar a Pío Tristán, que viene bajando desde Lima. Entonces Belgrano se pregunta cómo se va a enfrentar con otro ejército que tiene la misma bandera. Y se plantea cómo crear una bandera que responda a la estrategia en Buenos Aires de aparentar que no queremos ser independientes, cómo hacer para enfrentarse con ese ejército y no dar a entender que se quiere ser independiente. Entonces crea una bandera española. Si usted mira el cuadro que le pinta Goya a Fernando VII, se ve la banda azul y blanca. Es decir, Belgrano crea una bandera con los colores borbónicos, los colores de Fernando VII. Y así crea una bandera distinta que se ajusta a la estrategia de Buenos Aires de dejar entrever que todo esto es para evitar que se apropie de esta colonia Napoleón, y a cambio devolvérsela a Fernando VII cuando vuelva al trono. Ahora, cuando Rivadavia se entera lo amonesta. Le dice “¿cómo se ha animado usted a un hecho de tal insubordinación?”. Le dice que queme, entierre, y se deshaga de eso. Por eso es que Belgrano abjura de la bandera, y recién la vuelve a sacar cuando llega a Jujuy.

¿Se da cuenta? Si a uno le cuentan cómo se crea la bandera de esta manera, uno se interesa mucho más, y se pone más inteligente para entender qué pasa con las situaciones actuales. Pero eso es justamente lo que no se busca. Y vale decir, tampoco es fácil para un docente jugarse a salirse del programa. Pasa incluso con muchos historiadores que en voz baja vienen a verme y que están de acuerdo con las cosas que puedo plantear o aportan cosas muy interesantes, pero que en realidad saben que van a alimentar a sus hijos y a su mujer portándose bien. Pues así es como podrán acceder a una cátedra, a un empleo y demás. Es muy difícil que asuman públicamente una posición discordante.

Nota: Esteban Knobl

Fotos: Esteban Tomeo

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BIO

Mario O’Donnell, conocido como Pacho O’Donnell (Buenos Aires, 28 de octubre de 1941) es un escritor, médico especializado en psiquiatría y psicoanálisis, político e historiador argentino. Su producción historiográfica puede ser considerada dentro del revisionismo histórico, con la propuesta de iluminar aspectos ocultos o escamoteados de la historia oficial argentina, a cuya difusión, investigación y jerarquización ha dedicado tiempo y esfuerzos. Dentro de la serie La historia argentina que no nos contaron publicó El grito sagrado, El águila guerrera, El Rey Blanco y Los héroes malditos, todos ellos con importante repercusión. Compiló y prologó La otra historia, que reúne artículos de varios historiadores revisionistas. Durante años, O’Donnell se dedicó a la divulgación histórica en los medios masivos; se destacan sus programas en Canal 7 y en Radio Mitre, ambos bajo el nombre de Historia confidencial. Condujo Contar la historia, en Radio Ciudad y el canal Encuentro difundió el ciclo Archivos O’Donnell, de entrevistas sostenidas a lo largo de años con destacadas figuras de la cultura nacional e internacional.

FRASES PARA DESTACAR:

“Si usted quiere interpretar la historia argentina la tiene que interpretar en función del conflicto entre los intereses dominantes y los intereses populares”

“A veces me dicen ‘bueno, pero los maestros y profesores enseñan bien’. Y seguro que enseñan muy bien, pero el problema está en lo que enseñan, no en cómo lo enseñan”