Loading...

Milo Lockett – CREER EN UNO MISMO, LA FÓRMULA DEL ÉXITO

Home / Milo Lockett – CREER EN UNO MISMO, LA FÓRMULA DEL ÉXITO

 

CREER EN UNO MISMO, LA FÓRMULA DEL ÉXITO DE MILO LOCKETT

Desde su Resistencia natal hasta su actualidad en el glamoroso Palermo hay un camino trazado con pasión por la pintura. El artista chaqueño Milo Lockett nos recibió en su atelier de la calle Costa Rica para contarnos su vida, hablar de la escuela, de su obra y de sus proyectos solidarios.

Mientras saludaba a una turista francesa que le pedía un autógrafo, Milo me hacía señas para que pasara adentro de su local de la calle Costa Rica. Una manzana jugaba sobre sus manos, que  no parecen de artista.  Inquieto pero gentil, terminó de darle indicaciones a sus colaboradores y se entregó mansamente a la entrevista… y a devorar la manzana.

ML- Nací el 1° de diciembre de 1967, fui a la escuela pública en Resistencia, mi ciudad natal. Iba a un jardín cerca de casa, esa primera infancia la disfruté muchísimo, era una época de juegos y diversión,  hasta que en 5° grado la escuela me dejó de gustar, porque era un chico hiperactivo, muy disperso, muy inquieto… sigo siendo así (risas). Como tenía mucha energía necesitaba estar todo el tiempo desarrollando alguna actividad, no podía quedarme quieto, nunca me gustó dormir mucho… inclusive ahora duermo poco.

– ¿Cómo era tu casa?

ML -Mi madre era ama de casa y mi padre trabajaba. Eran personas muy sencillas. Ellos tienen un carácter más para adentro, no como yo que soy más para afuera. Lo que más rescato y más me gustó de mi hogar es que en mi familia siempre me dejaron elegir aunque no pensaran igual, había un sentido democrático real de libre pensamiento y elecciones. Éramos  cuatro hermanos, de los cuales yo soy el mayor. Tuve una infancia muy linda de la que guardo los mejores recuerdos, nuestra casa era grande, tenía una pileta y un patio enorme y mis amigos venían de visita, jugábamos con los chicos del barrio en verano y en invierno íbamos a buscar víboras y tortugas. Mi casa era como un club y la pileta era una pecera gigante donde jugábamos todo el tiempo. Y las fiestas eran muy divertidas, recuerdo comer en navidad o fin de año con los vecinos en la calle todos sentados en mesas largas tipo “los Campanelli”.

– ¿Ya pintabas?

ML – Sí. En realidad de chico me gustaba dibujar, me gustaba la pintura y entonces comencé mi relación con el arte porque tuve la suerte de haber ido a la escuela de Bellas Artes, donde brindaban unos talleres libres a la hora donde el pueblo se sumergía en la siesta. Eso era lo que más me gustaba, dibujar y pintar en los talleres, que para mí era mucho mejor que ir a la escuela donde me aburría mucho. También me gustaba el deporte. Me gustaba el básquet y jugué al rugby hasta los 14 años en el club Universitario. Tuve una infancia muy linda.

– Muchos chicos a esa edad trabajan. ¿Vos trabajabas?

ML – Trabajo desde los 10 años pero no por necesidad, sino porque me gustaba y por ese espíritu inquieto que tengo. Me gustaba trabajar, lo primero que hice fue cortar el pasto a los vecinos, tenía 10 u 11 años, después a los 14 ya vendía cosas en la calle. Me gustaba mucho la calle, salir y traer mi plata.

– ¿Dejaste el Secundario?

ML -Si nunca lo pude terminar, dejaba, retomaba, dejaba… me aburría la escuela. Me entusiasmaba trabajar, salir a la calle, ganar mi plata, Tuve mis primeros negocios, bares, vendía ropa, ser libre, no tener horarios, no tener jefe, esa independencia era para mí muy importante.

– ¿Y tu relación con la pintura? ¿Con el arte?

ML -Me dedicaba a la industria textil, tenía local de ropa, pero con la crisis del 2001 me fundí y, como le pasó a tanta gente, tuve que tomar la decisión de cerrar. Pero mi relación con el arte es auténtica desde mi infancia. Y tomé la decisión de querer pintar de nuevo. Un poco porque era lo único que sabía hacer y lo que primero tenía a mano. Pero jamás imaginé entonces que iba a vivir de la pintura o ser reconocido como artista. Son dos cosas que jamás imaginé.

– ¿Cómo diste el salto de pintar en tu Resistencia hasta conquistar Buenos Aires?

ML -Tomé la decisión de venirme a Buenos Aires y fue una gran decisión, ayudado por varias personas que me impulsaron de distintas maneras. Hacer pie en Buenos Aires es muy difícil, no solo desde lo económico, es una ciudad muy “áspera”, donde cuesta mucho integrarte a cualquier circuito si no sos de acá o si no pertenecés a ese circuito. Prácticamente recién hace dos años que estoy adaptado a Buenos Aires, y en esto mucho ha tenido que ver mi actual mujer y tener un hijo con ella ha sido fundamental para haberme adaptado a lo que es Buenos Aires. Sino no creo que me hubiese quedado.

Éxito y Arte son palabras difíciles de emparentar, ¿cómo explicás tu éxito en el Arte?

ML -Es muy difícil tener éxito en el arte. Me sorprendo todos los días, sobre todo de la tremenda amplitud de llegada de mi obra. En 2013 fui a exponer a una galería de arte en Lugano (Suiza), la muestra estuvo llena de gente y hacía 4 años que me pedían que vaya a exponer allá. Era la primera vez que iba y fue muy gracioso para mi ver que mi obra era reconocida y que conocían mi vida. La fama y el éxito son bebidas de sabor amargo, porque tienen una complejidad muy alta. Es muy difícil tener éxito en el Arte, y llega casi sin darte cuenta porque luchás toda tu vida. Todo es muy dinámico, las amistades cambian, hay que estar muy atento a quienes se te arriman porque antes nadie se te acercaba… en fin, es muy complejo de explicar.

Volviendo a la pintura, los trazos infantiles identifican tu obra ¿te emparentás  con alguna escuela pictórica?  ¿A quién o quiénes has tenido como modelo?

ML – Creo que mi obra se fue desarrollando naturalmente. Después conocí referentes, es decir, no empecé mirando estilos o referentes y después desarrollé mi obra. ¿Me explico? Siempre pinté lo que quise y creo que lo que ha marcado mi obra es la infancia feliz que tuve. Siempre tuve la autoestima alta y nunca me importó ser petiso para jugar al básquet o al rugby. De la misma manera no tuve conflicto para enfrentarme al desafío de la pintura. Yo quería pintar y pinté. Pero siempre que el pintor se está formando y desafiándose así mismo. En las escuelas, muchas veces la clase de plástica es una hora libre. Por suerte, hay docentes y hay escuelas que valorizan el Arte, que le dan importancia a la expresión de sus alumnos. En esa corriente va el mundo, porque noto mayor predisposición para con el arte. La primera manifestación del ser humano es hacer garabatos, dibujar, manchar, tachar, rayar. Lo importante creo que no es que los chicos sean prolijos sino que sean lanzados, que se animen, que hagan, que se salgan del margen a los 5 ó 6 años. Muchas veces la forma de enseñar en las escuelas le dan al chico inseguridad, el uso del borrador, la estructura de las clases, el miedo a equivocarse, el miedo a fallar, a no alcanzar el objetivo, debería aprovecharse mejor todo ese caudal creativo de los chicos en las horas de plástica y a lo largo del proceso de enseñanza y aprendizaje en general.

– Sos una persona comprometida con lo social. ¿qué pensás cuando ves tantas personas en situación de pobreza extrema?

ML – Particularmente a mi me sensibiliza y me interesa mucho el tema del hambre. La pobreza me conmueve desde lo más profundo. Una vez escuché una frase de un médico argentino que se fue a Israel exiliado que dijo: “la paz sin justicia social es una estafa” y adhiero a ese pensamiento. Con tantos avances en la medicina, en la tecnología, es muy cruel que haya gente en situación de extrema pobreza, en situación de hambre. Si yo hubiese estudiado, hoy no tengo duda que hubiese sido médico. Creo que es lo máximo poder estudiar para salvarle la vida a otra persona.

– La pobreza y la guerra permiten grandes negocios. La historia de la humanidad así lo demuestra…

ML – Pienso igual. Es horrible ver en distintas partes del mundo situaciones de tanta inequidad. Coincido que la pobreza debería dejar de ser un negocio para algunos y el sufrimiento de tantos. Y la guerra es inmoral, lo de la franja de Gaza, por ejemplo, es tremendo. Si todos pudiéramos hacernos cargo de una parte de la pobreza del mundo, la pobreza desaparecería. Lo que pasa es que el mundo se fue volviendo un poco caníbal y una parte del planeta se quiere comer a la otra. Me parece que lo que hace falta es acción más que discurso. A mí, como pintor, me parece interesante poder cambiar la realidad de las personas por unas horas, no con la promesa de para siempre. Se hace un taller para iniciar un camino, no para solucionar nada. Algo que estuvo mal durante tantos años no lo vamos a cambiar pintando un mural, pero es un inicio, es arrancar un camino. Es poder expresarlo, verlo, sentirlo y quizás eso empiece a cambiar.

-¿Cuáles son las actividades solidarias que realizás?

ML – En diversas ciudades de provincias como Chaco, Corrientes y Formosa trabajamos en un programa que se llama Estampando geografía. Tratamos de acercar a las personas el poco conocimiento que uno tiene sobre el Arte, y que para ellos puede ser una puerta, y abrís un mundo. Trabajar con un chico y demostrarle que lo que hace tiene valor y que existe otra Argentina. Con los chicos, nos concentramos en el dibujo y el grabado, con técnicas de xilografía y lápiz, tratando de rescatar el dibujo. Es muy interesante que puedan tomar valor de eso que tienen al alcance de la mano. Tratar de que se salgan de su realidad por un momento y que puedan darse cuenta del valor de eso que ellos hicieron con sus propias manos. También tenemos un proyecto que se llama Gira Interminable, donde trabajamos con la escuela especial Los Girasoles, para chicos con síndrome de Down. Tienen una murga y con esa murga hacemos intervenciones en los jardines de infantes, pintando murales. Es un trabajo sostenido en el lenguaje corporal, del amor y el arte. Seguimos con estos proyectos y estamos empezando a armar uno para construir la Casa Garrahan en el Chaco, en Resistencia. Nos encargamos de conseguir los fondos y de construirla, con el apoyo de toda la gente. Es un proyecto muy interesante y que va a ayudar mucho a las provincias del Norte.

Nota y fotos: Marcelo Rivera

Agradecimiento: Victoria y Gustavo De Mare

Milo Lockett es un artista plástico chaqueño, autodidacta, que comenzó su carrera luego de trabajar varios años en la industria textil. De nacionalidad argentina, nacido el 1° de Diciembre de 1967, vive y trabaja en Resistencia, su ciudad natal. Desde su taller, Milo logró crear en poco tiempo, una identidad pictórica que lo convirtió en un éxito de ventas sin precedentes.

El público de Milo Lockett abarca desde grandes coleccionistas a jóvenes empleados y profesionales que están buscando su primera obra de arte.

Milo Lockett dona anualmente un promedio de 40 obras para subastas a beneficio del Hospital Pediátrico de Resistencia, trabajo realizado con adolescentes dentro de un proyecto de prevención de HIV – Cruz Roja Argentina. Además, ha colaborado para UNICEF en el proyecto “Un Minuto por mis Derechos” en el 7º Encuentro de Niños y Jóvenes escultores bajo el tema “Los Monstruos de Berni y Juanito Laguna”. Ha realizado talleres masivos de pintura al aire libre en el Festival de la Triple Frontera, Paraguay, Brasil y Argentina, Chaco, Jujuy, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Buenos Aires.