Loading...

GUILLERMO JAIM ETCHEVERRY

Home / GUILLERMO JAIM ETCHEVERRY

 

Guillermo Jaim Etcheverry es indudablemente un referente de opinión calificada para la educación argentina. Este médico, científico y académico argentino, quien fuera rector de la UBA (2002), desde su icónico libro “La Tragedia Educativa” (1999) viene describiendo la crisis de valores que ha impactado en la sociedad argentina, resquebrajando uno de sus pilares básicos, la educación.

Para aportar su opinión calificada al debate por la mejora de la calidad educativa es que vamos a desarrollar algunos de sus pensamientos en esta nota que amerita lectura con detenimiento:

– ¿Cuál es su análisis en referencia al impacto de las malas polìticas educativas en la sociedad argentina?

– Si no logramos reducir la brecha que se ha creado en el país entre la gente que tiene educación y la que no tiene acceso a ella, el futuro está muy comprometido.

La Argentina tiene problemas centrales en lo que respecta a la Educación. Tiene poca gente educada, la cantidad de personas que han completado la educación media y la educación universitaria es muy baja en relación a los países desarrollados. Eso, claro, se refleja en el nivel de vida de todos nosotros, porque la educación del otro tiene que ver con mi propia vida. No vivimos aislados, sino que vivimos en sociedad. Quien tengo enfrente, debería tener el mayor nivel de educación posible, porque se refleja e impacta en la calidad de mi propia vida.

Además, existe una gran desigualdad en la distribución del bien “educación”. Las personas que pertenecen a las familias de menores ingresos tienen menos años de educación que las que pertenecen a familias con mayores ingresos. Ahí hay una separación muy notable, al mismo tiempo también hay una gran diferencia en distintas jurisdicciones del país. Y eso es un problema muy serio que queda demostrado en todas las evaluaciones que se han realizado hasta ahora. Incluso aquellos que reciben educación, tienen serios problemas en relación a la calidad de los aprendizajes que demuestran. Esto ha sido confirmado por todas las evaluaciones, tanto nacionales como internacionales, que se realizan desde los años ’90. Siempre se advierte el mismo problema, la misma dificultad, que ya se ha hecho un lugar común. La mitad de los jóvenes que terminan la escuela media tienen dificultad para comprender lo que leen, y 2 de cada 3 tiene serias dificultades para hacer simples operaciones matemáticas, como hacer un porcentaje, una regla de 3 simple. En otras palabras: si después de 12 años de escolarización, de estar en la escuela, no se comprende lo que se lee y se tienen dificultades para hacer simples operaciones, evidentemente se nota una crisis profunda de nuestra educación. Teniendo en cuenta doce años de escolaridad. Y con eso nos referimos a los que han terminado la educación, porque de cada 100 chicos que ingresan a la escuela primaria (donde prácticamente la cobertura es total) solo 50 completan la educación media. Es decir, hay 50 que están afuera de completar su escolaridad obligatoria. Si de los que terminan, la mitad no aprenden lo que leen, imaginen lo que sucede con ese 50% que ni siquiera completó la educación media. Tenemos un grave problema en la educación que tenemos que enfrentar rápidamente si no queremos profundizar esta separación de quienes acceden a la educación y quiénes no lo hacen. También hay un serio problema de calidad. Obviamente esa cuestión tiene relación con el universo económico de la familia donde el chico proviene. En las pruebas Aprender que se hicieron el año pasado, las cifras demuestran claramente que el mejor predictor es el nivel socio económico de las familias. De modo que ahí tenemos otro grave problema de inequidad y de apropiación del aprendizaje. El tema es sumamente grave y hay que hacer algo para intentar corregirlo.

Todos conocen los resultados de las pruebas Pisa, allí se observan claramente los datos. Argentina no envió datos confiables para la evaluación de las pruebas Pisa 2015. Pero si analizamos las pruebas en general en América Latina es una problemática común pero en nuestro país es notoriamente preocupante. En general nuestros resultados son los peores de la región.

Las políticas educativas de los últimos 25 años fomentaron la desigualdad. En su opinión, ¿cómo puede corregirse esa inequidad en el corto plazo?

En mi opinión, creo que debiéramos poner mayor esfuerzo en que los niños y jóvenes adquieran las competencias básicas, y los que terminen la escuela media entiendan lo que leen y tengan capacidad de abstracción, y se orienten en tiempo y espacio. Ya con esas tres cosas, cualquiera puede abrirse camino. El problema que tienen las universidades es que reciben una población importante de jóvenes que no entienden lo que leen. Y encarar estudios universitarios, o la vida misma, sin esa habilidad básica es muy serio. Por eso las escuelas deberían volver a concentrarse en su tarea fundamental, que es: enseñar a leer y escribir, tarea que parece muy compleja para el sistema educativo argentino, estimular la comprensión de la lectura y brindar los principios básicos de las matemáticas. Hoy la escuela pretende hacer muchas cosas, tal vez demasiadas. Y hace muy poco de lo que debiera ser su objetivo primordial, que es precisamente proporcionar esas herramientas intelectuales para que los jóvenes puedan comprender el mundo y comprenderse a sí mismos. De modo que por allí pasa el cambio fundamental.  Si hacemos un repaso por la historia, la Argentina de la primera mitad del siglo XX tenía menos analfabetos que España e Italia y que la mayoria de los paises de la región. En 1935 Argentina destinaba el 31% de su presupuesto nacional anual a la educación, mucho más de lo que destinaban países como Canadá (29%), Alemania (27%), Chile (17%) o Italia (9%), por eso quiero destacar, a más de un siglo de distancia, aquella frase de Sarmiento que decia: “¿no queréis educar a los niños por caridad? Pero hacedlo por miedo, por preocupación, por egoísmo…. pero hacedlo. El tiempo urge, mañana será tarde”.

– ¿Qué rol cumple el docente y el manejo de las nuevas tecnologías en el aula para hacer efectivo ese cambio?

– Hoy se anhela la tecnología. Que obviamente está incorporada en nuestras vidas y debe ser bien utilizada. Pero el cambio no pasa por ahí, pasa por la calidad y el compromiso de los docentes. En ese sentido, me parecen muy positivas todas las medidas que se tomen para asegurar la calidad de los maestros. Sin buenos docentes, no hay buena educación. Hay que empezar a diagnosticar los problemas que enfrenta la formación docente. Por allí pasa la revolución en la educación. Por mejorar la calidad de los docentes. Un buen docente, como recordarán, es una persona que sabe mucho de algo y que contagia entusiasmo por eso que sabe. Y eso es fundamental, sigue siendo así. Los jóvenes siguen siendo entusiasmables. Las herramientas no entusiasman por sí mismas. No entusiasma el pizarrón, no entusiasma la tiza, no entusiasma un libro que no comprende, no entusiasman las computadoras ni las tablets. Entusiasman por las posibilidades que abren; y eso me parece central. De modo que interpreto que debiéramos estimular la demanda de calidad. Y los padres deberían liderar esa demanda. Se demandan muchas cosas de la escuela, pero poco se demanda de la calidad de educación que ofrece.

– Usted habla desde hace mucho tiempo de la ruptura de la alianza familia-escuela

– Y es que por allí pasa también un tema central: crear demanda de calidad. No hay por la calle manifestaciones que pidan que a sus hijos les enseñen y exijan más, al contrario, hoy el pacto fundacional de la educación está roto. La alianza de padres con maestros para educar a los chicos está rota desde hace tiempo. Los padres están aliados con sus hijos en contra de la institución escolar, a la que ven como un mecanismo de opresión, que exige muchas cosas para dar una certificación. El problema de la inequidad no lo va a resolver la educación por sí sola. Necesita encararse con todos los otros determinantes del bienestar social. Me parece fundamental que la educación contribuya a que las personas puedan desarrollarse. En ese sentido, reitero algo que dije al pasar: esa idea de que la sociedad tiene una responsabilidad para con los jóvenes. Y esa responsabilidad es central. ¿Tenemos interés en que los otros estén bien educados y tengan una comprensión del mundo en el que viven?, porque nuestra vida en democracia depende de lo que decidan todos. Y esos todos deben estar lo mejor educados posibles. Enfrentamos hoy una extraña paradoja: no basta con incorporar alumnos al sistema educativo. Tenemos en nuestra fuerza de trabajo solo un 10% de personas con educación superior. Además el 80% de los jóvenes de las familias de mayores ingresos completan sus estudios secundarios. Y apenas el 27% de las familias con menores ingresos. Esta diferencia es intolerable si hablamos de la educación como un bien. Son muy pocos si lo comparamos con países como Suecia, Canadá o Corea del Sur. Solo la mitad de los alumnos que ingresan al primario completan el secundario, quiere decir que cada 2 alumnos tan solo 1 completa la escolaridad obligatoria. Estas cifras muestran que los distintos gobiernos no hicieron los esfuerzos necesarios para tener políticas de inclusión con equidad. Es verdad que se ha intentado incluir mayor cantidad de alumnos al sistema educativo, pero hay que proporcionarles verdaderas herramientas para que puedan progresar en la vida y para eso se necesitan políticas de estado que apunten a la calidad con inclusión.

– ¿Cuál sería el primer paso para revalorizar la educación?

– Educar es una tarea muy compleja porque apunta a una dirección contraria a la valoración social, donde interesa más la certificación que el verdadero aprendizaje. Hay un cierto desprecio por la actividad intelectual en la sociedad actual, por eso la escuela se convierte en una suerte de pasatiempo, una franquicia más del mundo del espectáculo en la que vivimos inmersos. El problema es que nos fuimos quedando sin personas que se comprometan con enseñar y con alumnos dispuestos a aprender, interesados en el saber. Y la escuela parece haberse quedado en ese rol de entretenimiento, porque es más bien una crisis de retaguardia y no una crisis de vanguardia de replantear a la escuela con los desafíos de nuestro tiempo. La escuela debe volver a enseñar a aprender, a interesarse por la investigación y no abandonar el interés por el conocimiento. La educación está ligada a la expansión de la persona, esa visión debe ser reconquistada.

Nota: Marcelo Rivera

Fotos: Esteban Tomeo