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Estanislao Bachrach – El desafío de pensar diferente

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Estanislao Bachrach

El desafío de pensar diferente

El aporte de la biología para una nueva educación

En el marco del XII Congreso de Educación organizado por el Polo Educativo Pilar, el Dr. Estanislao Bachrach, Doctor en Biología Molecular por la Universidad de Montpellier, disertó acerca del cerebro, la creatividad y la innovación. Con numerosas referencias hacia el trabajo docente en las aulas, Bachrach expuso algunos de los mecanismos que nos permiten comprender mejor cómo funciona nuestro cerebro y de qué manera podemos animarnos a ser más creativos. Revista COLEGIO tuvo la posibilidad de conversar con él para analizar distintos matices de su ponencia.

La sociedad se transforma permanentemente en algunos aspectos, mientras que en otros parece destinada a repetirse. En el nudo de esa tensión entre lo nuevo y lo viejo está la escuela. ¿Qué cambios necesita hoy la educación? Las respuestas posibles son muchas, tantas como las voces que reclaman para sí el tener la última palabra. Estanislao Bachrach no dice hablar desde la Verdad, sino desde una mirada: la de la Biología.

En un mundo en el que la información es fácilmente asequible, sostener un modelo educativo en el que se valora la acumulación del saber parece, cuanto menos, anacrónico. “La era del conocimiento terminó el siglo pasado, porque el conocimiento está en todos lados y gratis”, dice Bachrach. Para él, lo que nos permite establecer hoy una diferencia como individuos o instituciones es la posibilidad de crear algo nuevo, que agregue valor a una persona, a una comunidad, a una organización. Eso es la creatividad. “En el siglo pasado, el mejor ingeniero o los mejores ingenieros tenían la mejor empresa de ingeniería, los mejores abogados tenían el mejor estudio, el mejor panadero tenía la mejor panadería. Hoy ya no existen pocos mejores, sino que hay mucha gente muy buena técnicamente. Lo técnico, la lógica, lo racional, es muy fácil de conseguir y ya no hace la diferencia en una organización, en una empresa o en un país. ¿Qué hace la diferencia hoy? Hablamos de una era conceptual. La diferencia hoy la hace la creatividad. El poder pensar diferente”.

La escuela es una institución vetusta. La posibilidad de transformarla está a nuestro alcance, aún cuando existan múltiples factores que dificulten su reformulación. “La escuela es muy antigua en muchos conceptos. Hay un trabajo muy divertido y dramático que dice que las aulas y las botellas de vino son las dos cosas que menos cambiaron en la historia de la humanidad. Y no es un chiste, es un trabajo científico pesado” apunta Bachrach. Y sigue: “Cambiar las aulas depende solamente de nosotros, no creo que dependa del ministro de educación. Uno puede cambiar las aulas en su colegio. Ya hay escuelas que lo hacen, ya hay directores que lo hacen, ya hay maestros que lo hacen”.

La innovación es un motor de cambio muy poderoso. Más allá de cuestiones estructurales, existe la posibilidad de desarrollar procesos de cambio significativos hacia el interior de las escuelas que nos ayuden a potenciar la creatividad de los chicos. “La escuela debe ponerse al día sobre cómo funciona la sociedad. Hoy se forman chicos para que terminen trabajando de algo, y hoy las empresas buscan personas creativas: que sepan de finanzas y sean creativos; que sean periodistas y sean creativos”.

La biología nos permite conocer más a fondo cómo funciona nuestro cerebro y por qué es tan difícil romper viejos hábitos, desatar las creencias que nos limitan. Salir de nuestra zona de confort es un esfuerzo que nuestro cerebro intenta evitar, pero es en contra de ese impulso que la creatividad, finalmente, sucede. “El ochenta, noventa  por ciento de los cerebros tratan de conservar la energía, de no tomar riesgos, de repetir. El cerebro es cortoplacista. Lo único que le importa es sobrevivir. La creatividad, obviamente, es lo opuesto a esto. Es ir a prender otras áreas del cerebro. En general todas esas áreas del cerebro se van prendiendo y apagando mucho de cero a seis, y después ocurre un drama tremendo que se llama primer grado. En el primer grado lo único que hacés es apagar todo lo que venía encendiendo”.

“Hasta los seis años, diría antes del comienzo de la primaria, el 99.9% de los chicos son creativos. Son naturalmente espontáneos, o espontáneamente creativos. Como si fuesen un vaso de agua clara, donde aparecen cosas racionales, emotivas, creativas, instintivas. Luego, en la primaria te enseñan a tres cosas: definir, etiquetar y segregar. Definís el teorema de Pitágoras, lo etiquetás en matemáticas y lo separás de historia, geografía, educación física; bien separado, porque no tiene nada que ver. Eso es lo que va destruyendo la creatividad”.

Entendiendo la creatividad

¿De qué se trata la creatividad? Bachrach explica que un creativo es alguien capaz de aportar una idea que cumple con dos requisitos: es novedosa, y le agrega valor a alguien. “La creatividad es un gran proceso que lleva distintas etapas, y a cada etapa del proceso creativo vos estás usando distintas áreas de tu cerebro” dice. En tanto que habilidad, la creatividad puede desarrollarse, incluso en nuestra vida adulta. “El gran problema hoy es que todos nos piden cambiar y cuanto menos ganas tenés y más viejo sos, más difícil la tenés. Pero es posible.” La disciplina es un factor muy importante. “Hay mucho concepto erróneo de que la creatividad es jugar. Jugar es buenísimo y es clave, pero también hay mucha disciplina en el proceso creativo. Está bueno que los chicos sepan que el momento de la creatividad no es un momento de sólo jugar, hay disciplina, hay tiempos, hay horarios, hay cosas para hacer”.

Existen tres factores fundamentales a la hora de potenciar la creatividad: creer que uno puede hacer algo de forma creativa, realmente querer hacerlo, y practicar. Sobre el primero de estos factores la escuela tiene mucho para aportar, y repensar. Bachrach explica que “al cerebro no le interesa, no sabe diferenciar, verdad de fantasía. Al cerebro sólo le importa una sola cosa: en qué creés”. Y sigue: “Las creencias se forman de cero a diez años y son claves en cómo funcionamos. Se van formando en esa época y la creencia más fuerte que un padre genera a un hijo, o un maestro de primer grado y los otros maestros también, es el no puedo. No puedo es la frase más autolimitante del ser humano”.

Para desarrollar la creatividad es muy importante creer en uno mismo. “El cerebro no le importa que tengas la capacidad neuronal de ser creativo, al cerebro lo único que le importa es una cosa: creencias”. Pero querer ser más creativo es igualmente importante, porque “cuanto más querés, más posibilidades tenés de mejorar en algo. Si vos le decís a tu cerebro yo quiero ser más creativo entonces el cerebro dice querer igual placer y te ayuda a ser más creativo”. Finalmente, hay un tercer factor a tener en cuenta: la práctica. “Tenés que practicar. Como toda habilidad humana. Los tipos que más saben en el mundo sobre la creatividad, como Picasso, producen. Son de producir mucho antes de ser creativos. La clave para la ciencia es, cuanto más producís, más chance de ser creativos”.

La creatividad está estrechamente ligada a lo emocional. “Vos querés tener un desempeño innovador, necesitás pensar nuevo, y para pensar nuevo tenés que sentirte protegido, seguro”. En este sentido, Bachrach explica que un trabajo importante a realizar con los chicos es lograr transmitir que frente al riesgo, frente a lo nuevo, habrá situaciones incómodas, emociones negativas. Como adultos, los padres y los docentes deben aprender a soltar la crítica.

Trabajar la creatividad en la escuela

Ayudar a los chicos a expresarse y lidiar con el estrés en el aula puede ser una manera de procurar su espontánea creatividad. Estanislao dice que para el cerebro el impacto de las emociones negativas es mucho más grande que el de las positivas. “La biología explica que pequeñas amenazas son mucho más grandes que grandes recompensas para el cerebro. Si un chico en situación de aula o una persona en situación de familia o de trabajo, está viviendo, sintiendo consciente o mayormente inconscientemente una amenaza, pequeña, eso va a impactar mucho más fuerte en su desempeño que una gran recompensa”.

Es importante trabajar las ansiedades que surgen de la comparación con otros compañeros, o de las expectativas que la comunidad pone sobre ellos. En relación a esto, Bachrach explica que reconocer el talento “es una de las grandes formas para la Biología de arruinarle la vida al chico”. Ya que, en ese acto, se lo reconoce más por lo que logra que por lo que es. Por el contrario, el autor sugiere que “reconocer el progreso y el esfuerzo es clave” y que “mucha gente, muchas empresas, muchos maestros, muchos padres, no reconocen el esfuerzo”.

“Si ustedes les preguntan a los chicos cómo les fue en el colegio, en general no te contestan nada. Ahora si le preguntan cuál fue la parte más divertida de hoy en el colegio, o la parte más difícil, ahí ayudan a que empiecen a soltar y hablar un poco. Todo lo que sea reconocer el progreso y el esfuerzo es clave para que el chico vaya creyendo y motivándose para avanzar y hacer cosas distintas y probar cosas nuevas”.

Para Bachrach, de lo que se trata es de hacer menos foco en los resultados, y más en el proceso y en las personas. Propone asumir ciertos riesgos metodológicos: “En vez de establecer objetivos muy difíciles o muy fáciles, pensemos algo que desafíe. En una sala ponés un objetivo y hay pibes que lo hacen de taquito y hay pibes que les cuesta mucho. Es muy difícil hacer esto en el colegio. En vez de poner puntaje, podemos hablar, comentar, acentuar las cosas positivas. Son todas formas de ir impulsando al chico”.

Trabajar con proyectos relacionados a la creatividad puede ser una forma de estimular esta habilidad. No obstante, la manera de formular las consignas es importante. Exigir creatividad puede resultar contraproducente. “Si yo a un chico le digo traigan un proyecto creativo, le coloco una barrera muy alta. Es muy difícil ser creativo, le estoy poniendo mucha presión”. Una manera de encararlo es poner el enfoque en lo novedoso. Pedirle a los chicos que produzcan proyectos con la única condición de que aporten algo que sea nuevo para ellos. “Más novedad, más cantidad, más chance de calidad. No es suficiente la novedad, usamos matemática. A más nuevas ideas, más chance de que una agregue valor” dice Estanislao.

Romper con lo conocido

Es indudable que la escuela necesita un cambio. La innovación es posible y requiera, tal vez, cierta audacia. Estanislao Bachrach nos desafía cuando dice que los enemigos de la creatividad son “lo que sabés, lo que está bien, lo que te permiten hacer”. Y afirma: “Vos tenés que romper con la cultura si querés ser diferente”. Quizás sea tiempo de animarnos a más, de inventarnos un camino hacia el modelo educativo que queremos ver. Creer es crear.

BIO

Estanislao Bachrach es biólogo por la Universidad de Buenos Aires y PhD por la Universidad de Montpellier, Francia. Tiene, además, un MBA de la Universidad Torcuato Di Tella y HEC París, donde se especializó en Liderazgo, Innovación y Entrepreneurship. Dirige el programa ECLA (Entrepreneurship and Competitiveness in Latin America) de la Columbia Business School en Nueva York que reúne 17 empresas innovadoras de América Latina. Es consultor y capacitador de varias empresas privadas y organismos gubernamentales en temas de creatividad, innovación y tecnología.